MITOS GRIEGOS
CONSTANTINOPLA:
La que llegara a convertirse en la ciudad más grande, o, menguando. De esta manera, Fénix fundó, en primer lugar, Fenicia y Cílix abandonó en el lugar en el que se construiría Cilicia. Pero Cadmo resistía, puesto que tenía la intención de consultar al oráculo de Delfos. Una vez que llegó a la ciudad y pudo consultar al oráculo sobre su porvenir, éste le sugirió que buscara una vaca en cuya cabeza viera la señal de la luna, que la siguiera y que residiera por siempre en el lugar en el que ésta se posara, puesto que ése sería su nuevo hogar.
Ante estas misteriosas palabras, Cadmo siguió su camino con resignación, hasta que avistó al animal que coincidía con la descripción dada, de modo que siguió a la bestia hasta que ésta se posó. En ese lugar fue fundada Cadmea, primer nombre de la ciudad que más tarde sería llamada Tebas.
Tiempo más tarde nacería Layo, descendiente de Cadmo, y de éste Edipo. Edipo de Tebas fue abandonado por su padre por miedo a la resolución del oráculo de Apolo, el mismo que consultara varias generaciones antespoblada, dinámica y rica de la Edad Media comenzó su andadura como una pequeña colonia de Mégara que según la mitología fue fundada por el héroe Bizas, hijo de una ninfa y nieto del dio Poseidón. Su posición estratégica en el paso del Bósforo les permitió crecer como una ciudad volcada hacia el comercio, que recibía mercancías de toda Grecia y Oriente. Pero además, Bizancio estaba rodeada de tierras muy fértiles y ricas que les permitieron convertirse en grandes exportadores de trigo. Con el paso de los siglos, Bizancio se convirtió en una pieza clave en la política oriental, tanto de las polis arcaicas y clásicas como de los reinos helenísticos que dominaron la región hasta la llegada de las legiones de Roma.
Ya con Bizancio convertida en una gran ciudad bajo el poder de los emperadores romanos, el centro del poder político y económico fue desplazándose hacia un Oriente cada vez más rico y abandonando un Occidente decadente en el la vida urbana comenzaba a languidecer. Fue en el 324 d.C., cuando el emperador Constantino, después de derrotar a su rival Licinio, decidió emprender una profunda reforma de las estructuras imperiales que las adecuara a la nueva realidad social y económica. Para dar mayor peso a un Oriente que era el principal motor del Imperio, Constantino decidió construir allí una nueva ciudad que ejerciera el papel que había cumplido Roma en el pasado. Una nueva capital para el Imperio, construida a mayor gloria de su emperador. Nació así el proyecto de Constantinopla, que, pro expreso deseo de Constantino, se levantó sobre la antigua ciudad de Bizancio. De este modo, se aprovecharía su inmejorable puerto natural, al tiempo que las feraces llanuras de los alrededores aseguraban un aporte de grano para una población creciente.
Constantino decidió seguir el modelo de Roma, y dividió la nueva ciudad en catorce regiones, que acogerían todo tipo de templos, viviendas, edificios públicos y espacios de ocio. Para llevar a cabo las obras se desplazaron a Bizancio varias decenas de miles de esclavos, muchos de ellos godos y otros bárbaros del norte. La ciudad creció y se fue embelleciendo a lo largo de los diez años que duraron las obras. Para dotarla de monumentos, Constantino ordenó saquear numerosas ciudad orientales como Éfeso, Alejandría e incluso la misma Atenas, que tuvieron que aceptar las órdenes del emperador. Existe una gran polémica en torno a las leyendas que dicen que Constantino ordenó destruir los antiguos templos paganos y construir las primeras iglesias cristianas tras su conversión a esta religión. Todavía hoy es objeto de debate hasta qué punto el emperador fue un converso o sólo asumió el cristianismo como un mecanismo de propaganda para afianzar su poder frente a otros aspirantes al trono.
En el año 330 d.C., a pesar de que quedaba mucho por hacer, las obras se dieron por finalizadas para que el emperador pudiera dar paso a la inauguración oficial de su nueva capital. Constantino llevó a cabo numerosos rituales, y decretó unas jornadas de fiesta que duraron cuarenta días. A pesar de que el emperador tuvo que viajar por las provincias durante toda su vida, siempre mantuvo Constantinopla como su punto de referencia, y tras su muerte fue enterrado allí en un panteón. La ciudad, que contaba con algo menos de treinta mil habitantes cuando Constantino decidió convertirla en capital, llegó en algo menos de un siglo a tener más de medio millón de habitantes. De este modo, Constantinopla se convirtió no ya en la ciudad más grande del Imperio, sino en la más grande de todo el mundo, rango que ocuparía durante muchos siglos.
La actual ciudad de Θήβα, antigua Θῆβαι, es una modesta ciudad griega, cuyas excavaciones arqueológicas han desvelado los restos del palacio micénico más antiguo conocido hasta ahora: ni más ni menos que del siglo XV a.C.. Su fundación es, según la mitología, responsabilidad directa del fenicio Cadmo quien, además de levantar la ciudad, habría traído el alfabeto fenicio de su lugar de origen.
Cadmo era hijo de Agénor, nieto de Poseidón, y hermano de Fénix, Cílix y Europa. Cuando el enamoramiento del lascivo Zeus hizo que, convertido en toro, raptara a la inocente Europa, Agénor, rey en la zona sur de la región que conocemos como Fenicia, mandó a sus hijos y a la madre de éstos en busca de su querida hija, advirtiéndoles de que su fracaso implicaría el destierro.
La comitiva partió hacia el norte y, a medida que sus miembros iban viendo truncadas sus esperanzas, iban abandonando y, el grup también su bisabuelo Cadmo. El oráculo le había prometido parricidio e incesto para el hijo que engendrara. El resultado es bien conocido. Tras la realización del oráculo, Edipo se arrancaría los ojos y perpetuaría la maldición que sobre su estirpe cayera en el pasado. Pero dejemos que una parte de la historia nos la cuenten en forma de mítica leyenda los maestros argentinos, Les Luthiers, con los siguientes versos:
Te irás con mi hijo, no quiero que crezca,
haz tu que perezca como te parezca.
Cumplida la orden, el muy desdichado,
con los pies atados, quedose colgado.
Edipo salvose y a Layo matolo,
peleándolo él solo al cielo enviolo.
Semanas más tarde, a Tebas avanza,
resolver alcanza cierta adivinanza.
La Esfinge de Tebas, al ser derrotada,
se ofusca, se enfada y se hace pomada.
Y sin darse cuenta, casado él está,
con quien saben ya, ¡su propia mamá!
haz tu que perezca como te parezca.
Cumplida la orden, el muy desdichado,
con los pies atados, quedose colgado.
Edipo salvose y a Layo matolo,
peleándolo él solo al cielo enviolo.
Semanas más tarde, a Tebas avanza,
resolver alcanza cierta adivinanza.
La Esfinge de Tebas, al ser derrotada,
se ofusca, se enfada y se hace pomada.
Y sin darse cuenta, casado él está,
con quien saben ya, ¡su propia mamá!
PEGASO:
Para quienes aún no lo sepan, el nombre de Pegaso está relacionado con un caballo de color blanco alado. Un dato que no debemos dejar de mencionar es que su nombre proviene directamente del vocablo griego phgh, mismo que puede interpretarse como “manantial”, ya que este ser de la mitologia griega nació del océano.
Sin embargo, como sucede en estas historias, hay varias versiones con respecto al nacimiento de este corcel con alas. Por una parte, hay quienes afirmaban que su procedencia derivaba de la muerte de la Gorgona a manos de Perseo, pues del cuello de esta había surgido Pegaso.
Otro relato parecido nos dice que no fue del cuello, sino de la sangre de la Gorgona que cayó sobre la tierra.
En cuanto Pegaso llegó a la adultez, fue de inmediato al Olimpo, lugar en donde inmediatamente se entrevistó con Zeus. La leyenda más importante en donde interviene este caballo es la de Belerofonte, pues se cree que este lo recibió a manera de presente por parte de la diosa Atenea(también conocida como una deidad vinculada fuertemente con la sabiduría).
De igual forma, otros tienen la creencia de que Belerofonte encontró a esta bestia mitológica, mientras el caballo tomaba agua en la fuente de Pirene.
Lo verdaderamente trascendental es que Pegaso y Belerofonte se unieron para poder derrotar a la Quimera y así vencer de una vez por todas a las Amazonas.
Luego tras la muerte de Belerofonte, Pegaso retornó al Olimpo en donde vivió tranquilo por mucho tiempo, hasta que Zeus decidió convertirlo en una constelación, para que de esa manera alcanzara la inmortalidad.
En el momento en el que esto sucedió, una pluma de una de sus alas cayó sobre Tarso y fue de ese modo como la ciudad adoptó su nombre.
FARO DE ALEJANDRIA :




Excelente trabajo !!!!
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